Image and video hosting by TinyPic

La conciencia se identifica con las emociones. La persona es gobernada por ellas inconscientemente, por sus deseos y necesidades.

Vivir bajo el poder del miedo te quita lo más importante que tenemos en la vida, que es la posibilidad de “Elegir”.

Cuando el nivel de concienciación de la población aumenta, les resulta más difícil vencer y generar nuevas guerras, llegado a este punto se ven obligados a crear nuevos miedos para conservar su control sobre nosotros.

Terrorismo, pandemias, crisis, paro, cambio climático, amenazas exteriores, violencia, euribor…etc.

Se nutren de nuestros miedos y con ello nosotros mismos les otorgamos poder, ahora son ellos los que nos tienen miedo, ven que sus armas de imponer miedo funcionan menos cada día.

Miedo porque ven que no tenemos MIEDO.

Image and video hosting by TinyPic

La verdad está a menudo silenciosamente escondida. La verdad no hace publicidad.

Traficantes del Miedo. Objetivo meter miedo

Image and video hosting by TinyPic

12 may. 2012

“Nuestro Veneno Cotidiano”, tóxicos en la cadena alimentaria y enfermedades crónicas prevenibles. Marie-Monique Robin


¿Sabemos realmente lo que comemos en la mesa? Para responder esta interrogante Marie-Monique Robin, decidió dedicarse a investigar solo las sustancias químicas que entran en contacto con la cadena alimentaria, desde el campo del agricultor (pesticidas) al plato del consumidor (aditivos y plásticos alimentarios).

Autora del libro “El mundo según Monsanto”, estas informaciones son un tema de vital importancia, dado que tratamos de nuestra alimentación. Marie-Monique Robin,  periodista francesa especializada en agroalimentación, asegura que “LA CADENA DE ALIMENTACIÓN ESTÁ CONTAMINADA”

La epidemia de enfermedades crónicas del mundo occidental es debida a la contaminación química y particularmente a la transformación del modo de producción de nuestros alimentos, donde los efectos de la revolución agrícola y agroalimentaria se conjugan para constituir un cocktail explosivo.”

Así concluye “Nuestro Veneno Cotidiano” un documental francés, que fue emitido en Francia, Alemania y Bélgica el 15 de marzo de 2011, y que ha sido subtitulado al español hace varias semanas.

Quizás, no sea de extrañar que recientemente Francia haya aprobado una ley para eliminar el uso en los plásticos del BPA (cuyos efectos secundarios son explicados en este trabajo), “saber es poder”, dice la cinta y así, la concienciación abre el camino para un cambio legislativo.

 
Marie-Monique Robin, que acaba de publicar en España el libro Nuestro veneno cotidiano, una investigación sobre las sustancias químicas que llegan a nuestro plato.

No aborda las ondas electromagnéticas ni los teléfonos móviles ni la contaminación nuclear, sino únicamente las moléculas de síntesis a las que estamos expuestos en nuestro entorno o en nuestra alimentación (el "pan nuestro de cada día" que en gran parte se ha convertido en "el veneno nuestro de cada día").


El nuevo libro de esta investigadora analiza con detalle las moléculas químicas a las que estamos expuestos en nuestro entorno y en nuestra alimentación, son, partiendo de “lo más simple y de lo menos discutible”, como las “intoxicaciones agudas y después crónicas de los agricultores expuestos directamente a los pesticidas” hasta llegar a lo más complejo: los efectos a dosis pequeñas de los residuos de productos químicos que “todos tenemos en el cuerpo”.

Dos años de investigaciones por Asia, Norteamérica y Europa, testimonios de expertos, multitud de informes de miembros de agencias de regulación alimentaria y estudios científicos avalan este trabajo, en el que la periodista sostiene que miles de moléculas químicas han invadido nuestra alimentación desde la Segunda Guerra Mundial y que “solo un diez por ciento de ellas ha sido estudiadas seriamente”.

“Esta invasión química está vinculada al desarrollo de la sociedad de consumo, que ha provocado la salida al mercado de miles de productos de consumo corriente cuya fabricación o transformación se basa en unos procesos químicos cuya toxicidad está muy mal evaluada”, según la periodista.

Una crítica que realiza Robin tras analizar el sistema de evaluación de los productos químicos tal como lo practican las agencias de reglamentación nacionales o europea, como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria EFSA, que se basan en el principio de Paracelso, el médico suizo del siglo XVI que afirmó que solo la dosis hace el veneno.

Inspirándose en este principio, según cuenta la autora, las agencias de reglamentación desarrollaron una norma llamada ingesta diaria admisible (IDA), que “es la dosis de veneno químico que se supone que podemos ingerir cada día sin enfermar”.

Esta IDA es “un engaño que no protege a los consumidores, sino a los fabricantes”, según la autora de El mundo según Monsanto, un ensayo sobre esta multinacional de semillas transgénicas a la que acusa de prácticas “mafiosas”.

¿Y cómo afecta esta “invasión” a nuestro cuerpo? Para responder a esta pregunta Marie-Monique Robin parte por explicar qué son lo que los científicos llaman “disruptores endocrinos”, una clase de productos químicos que es particularmente peligrosa, unas moléculas químicas que son hormonas de síntesis o que imitan la acción de las hormonas naturales.
   
“Están en todas partes, como el Bisfenol A (BPA) en los biberones, en los recipientes de plástico duro o en las latas de conservas, los ftalatos en los plásticos blandos o el PFOA en las sartenes antiadherentes (teflón), los cosméticos, los detergentes, y, por supuesto, los pesticidas”, según la especialista.

Estas hormonas de síntesis tienen la capacidad de actuar a unas dosis “infinitesimales, muy inferiores a la IDA. Ingesta Diaria Admisible y desempeñan un papel particularmente nocivo en relación a los embriones y fetos”.

“Miles de estudios llevados a cabo en animales prosiguen demostrando que llevan a cánceres que depende de las hormonas (de mama, próstata, testículos), a problemas reproductivos (esterilidad, malformaciones congénitas), de diabetes o de obesidad en adultos que estuvieron expuestos en el vientre de su madre”.

En el caso de estas moléculas “la dosis la que hace el veneno”, según la periodista, no es sino el momento de exposición

“La epidemia del cáncer no se debe al envejecimiento de la población. Las estadísticas demuestran que la tasa de incidencia aumenta en todas las franjas de edad, tanto en los jóvenes como en las personas mayores. Por lo tanto, estamos ante una auténtica ‘epidemia’, por retomar las palabras de la OMS. Organización Mundial de la Salud”, según Marie-Monique Robin.

Esta epidemia, a su juicio, se debe al “medio ambiente y al modo de vida”, como dice que le explicó Christopher Wild, director del Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer. IARC, que depende de la OMS.

En los últimos 30 años, tal y como señala, el índice de cáncer ha aumentado más de un 40% y el incremento de enfermedades como la leucemia y los tumores cerebrales en niños ha sido aproximadamente del 2%. Además, en los países desarrollados, también se han multiplicado los problemas de origen neurológico (Parkinson y Alzaheimer) y las disfunciones en la reproducción.

Ante esta situación, Marie-Monique Robin urge a tomar medidas para prohibir estos “disruptores endocrinos”, que “tienen además la capacidad de interactuar en nuestros organismos a unas dosis extremadamente bajas”, como un residuo de pesticidas que se encuentra en una fruta o verdura.

Mientras se espera a que se retiren del mercado cientos de moléculas “extremadamente tóxicas, lo mismo que muchos pesticidas”, habría que informar, según Robin, a las mujeres embarazadas para que eviten todos los alimentos procedentes de la agricultura química o los productos transformados de la industria agroalimentaria, o los cosméticos no biológicos (en particular los desodorantes).

¿Qué podemos hacer para liberarnos de esta contaminación química?: fomentar una agricultura biológica”. “Hay que comer productos bio, y sobre todo los niños más pequeños”.